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Mr Dalloway
said he would buy the flowers himself.
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9th-Apr-2008 10:14 pm - Lo que uno debe hacer por sobrevivir.

No soy muy bueno manejando, es la verdad. A pesar de que llevo ya casi diez meses sabiendo manejar, se me sigue apagando el coche. Por eso es que siempre he admirado a a aquellos que pueden cambiarse de carril en un pestañeo, a los que pueden platicar con su copiloto, hablar por celular, cantar y comer al mismo tiempo pero, sobre todo, a los que pueden leer o usar la lap top mientras conducen. Cada vez que los veía no podía evitar lanzar una exclamación y decirme "¿Cuándo será el día en que puedas hacer eso?".

Ese día fue hoy. Mañana tengo que entregar un ensayo y, a las 6:00 pm que salí de CU seguía sin saber qué decir sobre el poema que debo analizar. Por eso es que mi instinto de supervivencia despertó y me dio la capacidad de, en dos horas en el tráfico leyendo una y otra vez el poema en mi Norton Anthology of English Literature abierta en el asiento de junto, abrir mi mente e iluminarme para saber qué voy a hacer.

Ahora sólo me falta una primera línea y todo fluirá, si Dios quiere, sin problemas. Además debo acabar mi ensayo hoy mismo. Mañana quiero ir al cine antes de la clase.

25th-Dec-2007 02:44 am - Twilight o la muy soportable levedad del Bestseller.

Después de leer durante todo un semestre pura so-called alta Literatura, lo único que quería para estas vacaciones era leer un buen bestseller que me atrapara, me entretuviera y me despejara el cerebro de tanto análisis literario serio. Sin embargo, no conté con que al momento de sacar los cinco libros a los que tengo derecho como estudiante de la UNAM me iba a encontrar en un predicamento por demás aterrador: no encontraba títulos de bestsellers que quisiera leer. Buscaba y buscaba por lo más recóndito de mi mente algún título de libro simple que tuviera ganas de leer y nada. Paseé por los estantes de las bibliotecas buscando algo que se me antojara y no podía evitar asomarme a los anaqueles de Jane Austen, Virginia Woolf, Sylvia Plath, Doris Lessing, etc. ¿Qué autores me han recomendado y no he leído hasta ahora? Y saltaron apellidos como Bukowski, Haney, Naipaul e incluso Sebald.

De la forma en que buscara no encontraba nada que me llamara la atención. Incluso cuando busqué en mi lista de libros que quería leer desde hace siglos seguían saliendo apellidos de escritores serios y respetables. Nada divertido, simple y banal. “¿Algo de Reverte?” me pregunté pero inmediatamente negué con la cabeza. Porque además tenía que considerar otra cosa: no debía ser algo en inglés –o de escritor inglés-. El chiste de las vacaciones es –según yo- romper con la rutina diaria y el inglés se ha vuelto bastante rutinario para este estudiante de Letras Inglesas. Pero incluso en esta búsqueda de autores no angloparlantes salían apellidos como Apollinaire o Cocteau.

Después de mucho deambular me di por vencido y obedecí a esa vocecita molesta que me llevó a sacar The Golden Notebook de Doris Lessing, Mansfield Park de Jane Austen y The Swimming Pool Library de Alan Hollinghurst en una biblioteca y Queer: A novel de William S. Burroughs y La Ley de Herodes de Jorge Ibargüengoitia –mi único destello de lucidez- en la otra. O sea, me esperaban unas vacaciones llenas de literatura simplona [sic].

No podía evitar mentarme la madre mentalmente cada vez que pasaba junto a la pila de libros que me observaban retadores uno encima del otro mientras en la traición a mis planes que había perpetuado al haberlos sacado en lugar de algo tan ligero como la leche Light. Así viví uno, dos y tres días hasta que una amiga me recomendó primero, después me pidió y finalmente me ordenó que leyera la serie Twilight de Stephenie Meyer porque, según ella, es “simplemente fabulosa, la mejor".

Hice lo posible por negarme argumentando primero carencia de un soporte económico para gastar en libros que no me llamaran fuertemente la atención y después diciéndome que había quedado en no leer libros en inglés. No obstante, un día mientras pasaba por un Sanborns, lo encontré en la sección de Bestsellers. “Es el ineludible destino” me dije no sólo porque me topé de frente con él, sino porque también llevaba dinero suficiente para adquirirlo. Así que, a querer y sin ganas, lo llevé a la caja y lo compré.

Debo admitir que por pura curiosidad inmediatemente hice a un lado Mansfield Park y comencé a leer Twilight. Hasta ahora no he parado. Y es que, como le dije a mi amiga recomendadora, no se me hace un libro que esté excelentemente bien escrito, existen muchos errores de temporalidad, el vocabulario de la escritora es más bien limitado y la personaja principal carece de peso. Pero también es cierto que la trama es harto entretenida, existen personajes seductores -¡Oh, Edward!- y en general, cumple con la función de un buen bestseller de la mejor manera: hacerme pasar las vacaciones –al menos una semana- entretenido leyendo y gritando como pubescente cada vez que aparece Edward Cullen en escena.

25th-Oct-2007 11:41 pm - Si de teatreros de trata...

Cry "Havoc!" and let slip the dogs of war,
That this foul deed shall smell above the earth
With carrion men, groaning for burial.

WILLIAM SHAKESPEARE, Julius Caesar.


Simplemente es increíble como puede existir en este mundo gente tan majadera como ella. Grita durante horas sin importarle que pueda molestar a los demás, con esa voz aguda y rasposa que parece venir directamente de una vendedora del Metro. Lo peor es que no es únicamente ella. Son todos ellos: fastidiosos, desconsiderados, faltos de cordura, «not merely rustic, foul-tempered [and] depraved». ¡Una verdadera plaga! ¡Sin lugar a dudas los anexados más molestos de todos! Y los más fácilmente reconocibles también, porque a diferencia de los «niggers» de Heart of Darkness, por dar un ejemplo, éstos tienen identidad: caminan lentamente en grupos de cinco o más, aderezan sus pláticas –por demás escandalosas- con chillidos incomprensibles que se acompañan de movimientos extraños que perturban incluso al más perturbado; nunca pueden estar tranquilos; siempre moviéndose, siempre emitiendo ruidos.

Y es necesario hacer énfasis en la producción de sonidos molestos que alteran la relativa calma del Lugar porque esa es su principal característica. La característica que nos hace a todos los demás, seres notanraros, desear su muerte lenta y dolorosa, de poderse en alguna plaza pública con un desfile de artefactos de tortura medievales y, de poderse, un leather boy que haga las veces de verdugo.

Pero para que se pueda entender mi desagrado de raíz es necesario explicarme. Porque obviamente existe una razón para que en mi corazón explote una necesidad de revivir los buenos tiempos de la Santa Inquisición en los que, por otro lado, yo hubiera sido cliente seguro:

La primera vez que tuve contacto directo con este tipo de seres indeseables fue hace un año más o menos en clase de Corrientes Generales de las Literaturas Hispánicas. Estábamos discutiendo sobre Los cabellos de Absalón probablemente, cuando súbitamente comenzó a escucharse un cuchicheo que poco a poco se volvía más y más fuerte. Todos nos quedamos en silencio tratando de identificar el lugar del que provenía pero, sobre todo, qué o quién lo provocaba. Bruscamente el ruido cesó y continuamos con la discusión que treinta segundos después se vio nuevamente interrumpida por el mismo sonido que se asemejaba al mantra hinduista om pero ahora emanado por lo que parecían ser cientos de miles de seres humanos tratando de llegar al Nirvana.

Lo peor de todo es que el sonido no era molesto sólo porque dificultaba la audición de los agudos, inteligentes y jocosos comentarios de Rodrigo, sino porque provenían del aula de junto. Tratamos de continuar con la clase haciendo caso omiso de los «murmullos» pero después de media hora Rodrigo no pudo más, salió del salón y fue a pedir la interrupción de las emanaciones sonoras para regresar con el rictus marcado por la derrota sólo diciendo «Sí, saben que causan molestias por el ruido pero ya casi acaban… en media hora» para después agregar, «sólo espero que cuando comiencen a levitar no se peguen con el techo». Todos nos reímos y continuamos con la clase. Por demás está decir que nunca se callaron y durante el resto de la velada tuvimos la sensación de estar junto a un monasterio budista.

Esa fue la primera de muchas experiencias molestas que he tenido con ellos. Sin embargo, uno a todo se acostumbra, «a todo menos a la pobreza», diría mi mamá. Además, los encuentros generalmente ocurrían en los pasillos, lo que a nadie molesta porque, digo, son en el pasillo y para eso son. Bueno, son para transitar pero nadie prohíbe hablar mientras transitas y ni yo soy tan mamón.

Pero tendría que llegar el día en que el contrato no escrito de tranquilidad entre ellos y nosotros se rompería. El día en que el frágil equilibrio de las dos fuerzas se vería quebrantado por alguien. Y ese alguien es ella: la que lleva un mes gritando «los invitamos a la temporada de otoño de teatro, las obras que se presentan el día de hoy son…» justamente durante las dos horas que tengo que tomar clase con Colin White en el salón que está a escasos tres metros de la zona de teatros; la que no se da cuenta de que su truco publicitario no sirve de nada porque por ahí no pasa nadie, absolutamente nadie sino es para ir al área de postgrado o a la Biblioteca. Es decir, hace ruido a lo imbécil porque nadie la escucha… nadie excepto nosotros.

Por eso es que digo: ¡Qué mueran los que estudian Teatro en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM! ¡Que mueran por ruidosos, molestos y desconsiderados con sus compañeros que no estudian su carrera!

Por eso, una vez explicado mi punto, sólo me queda citar a Shakespeare con un fragmento de uno de sus más famosos diálogos, de una de sus más famosas obras... de teatro:

..........................Come, you spirits
That tend on mortal thoughts! unsex me here,
And fill me from the crown to the toe, top-full
Of direst cruelty; make thick my blood,
Stop up the access and passage to remorse,
That no compunctious visitings of nature
Shake my fell purpose, nor keep peace between
The effect and it! Come to my woman's breasts,
And take my milk for gall, you murdering ministers,
Wherever in your sightless substances
You wait on nature's mischief!
(Macbeth, Act I, Sc. V)

3rd-Sep-2007 11:04 pm - De los ofrecidos.

Business, you know, may bring money, but friendship hardly ever does.
JANE AUSTEN, Emma.

 

Lo más molesto que puede ocurrir en cualquier clase es que un profesor deje unas copias que todos los alumnos deben de tener y que en vez de decir «Las dejo en este centro de copiado, ustedes las sacan cuando quieren» -como hizo la bendita Nattie-, diga «¿Quién se hace responsable de las copias?». Pero algo que puede llegar a ser aún más molesto es que uno mismo levante la mano y se ofrezca para sacar las copias del grupo.

Inmediatamente una caja de sorpresas desagradables se abrirá frente a él: «Cuenta el número de páginas» dirá con voz autoritaria el profesor, «¿cuánto va a ser de las copias?» preguntará en un susurro aquel compañero que odias, «¿las vas a dejar en un fólder?» preguntará otro a media voz, «¿en dónde nos las vas a dar?» preguntará otro en un grito. Y todas esas preguntas las tendrá que responder uno mismo como si estuviera en un examen profesional pero sin una tesis que lo apoye –o como diría sabiamente Liliana Felipe: «me cae que yo no estaba preparada para dar estas respuestas, mucho menos para darlas, a la corta o a la larga, en inglés o en québécois»-.

Sin embargo, estas preguntas son sólo una pequeña muestra de lo que se avecina una vez terminada la clase porque entonces será cuando los cincuenta cuerpos que ocupaban los lugares más recónditos y oscuros del aula se acerquen como perros en celo gritando uno y otro las mismas preguntas una y otra vez mientras ondean billetes de toda clase de denominaciones mientras uno intenta hacer cuentas, anotar nombres, recibir dinero y entregar cambio, dar instrucciones, responder preguntas estúpidas y, ya de paso, echarse un taco de ojo con el compañero que le gusta y que está frente a uno.

Poco a poco se aleja uno y otro compañero hasta que uno se queda solo con una mochila repleta de billetes. «No, pu’s mínimo un café me echo» piensas mientras recoges y acomodas los billetes en una bolsita escondida de la mochila, sacas lápiz y papel y ahora sí, a desempolvar las ecuaciones que desde hace siglos no utilizas y a ver cuánto dinero debes tener, cuántos juegos de copias debes sacar... Veintiún juegos con 140 copias cada uno dan un total de... ¡2940 hojas! Si cada copia cuesta x cantidad de dinero... saldrán... pero aquí tengo más o sea que me va a tocar de ganancia... ah, no, no conté a éste...

Y así pasas horas y horas hasta que te cansas de multiplicar y dividir –no en vano escogiste Letras sobre Contaduría- y decides que llevarás todos los billetes que recolectaste cuando saques las copias y que el destino sea el que decida cuánto va a ser aunque, si Dios -y el encargado de la copiadora- quiere, sí podrás sacar un pequeño, pero jugoso, beneficio económico.

26th-Aug-2007 10:59 pm - ¿Botarse o morir?
I saw myself sitting in the crotch of this fig tree, starving to death,
just because I couldn't make up my mind which of the figs I would choose.
SYLVIA PLATH, The Bell Jar.


¡Uju! C'est ma chanson preferée! Quand je serai grand, je serai Bee Gees ou bien pilote de formule 1. No, bájale dos rayitas, ya vas muy rápido... C’est vrai que tous les costumes me vont bien: Le rouge, le noir, le blues, l’espoir et moi... Ese no está tan mal aunque ya está muy grande, tal vez cuando tenga 30 años. C’est comme ça qu’est ce que j’y peux, c’est comme ça qu’est ce que j’y peux. ¡Ah, pero qué pendejo eres, you motherfucker! Prende tus putas direccionales. Maldita sea, por eso México está así. ¡Ah! Yo quiero unas gorditas de nata. ¡Chale! El tipo está muy lejos. Je pleurs, je ris, J’ai peur, envie... Ya quiero llegar a mi casa, ¿por qué no me fui por la lateral? Maldita sea, ¿por qué la lateral siempre va más rápido que la vía rápida? Shit! Ya se cayó el libro, sabía que debía haberlo metido a la mochila pero... Faudrait savoir ce que tu veux, faudrait savoir ce que tu veux. Otro pendejo que se me mete, carajo ¡Son cinco metros los que debe de haber entre un coche y otro! ¿Sabías, motherfucker? Whatever, I don’t fucking care… -Gritos, gritos- oh my gosh! What the fuck! I mean, oh my gosh… -Gritos, gritos-. A qui la faute je suis l'un et l'autre, Double je, a qui la faute je suis l'un et l'autre. ¡Ah! ¡El amor de mi vida! ¡Sí, así chiquito! ¡Uh! ¡Qué rico! Oh my gosh! You’re such a hoe! I mean, oh my gosh! Uh, uh, uuuhhh! Faudrait savoir ce que tu veux, faudrait savoir ce que tu veux ¡Ah! Ya se acabó la canción, ¿cuál sigue? Urrrrhhh! Duh! me pegué mucho al de adelante, casi choco... I mean, oh my gosh!

Intento de transcripción de un  monólogo en voz alta realizado diariamente dentro de un automóvil negro en alguna parte de Periférico mientras un joven de diecinueve años escucha su canción favorita de este año –Double je de Christophe Willem- después de tener cinco horas continuas de clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Al texto favor de agregar una coreografía que va de simples movimientos de cabeza a brazos que golpean el volante, manos izquierdas que acarician el vidrio de la ventanilla y bailes à la «antro de tercera» con aplausos incluidos.

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